Vaya espectáculo, señores! El culebrón entre Donald Trump y Elon Musk, esa pareja que parecía destinada a un matrimonio de conveniencia eterna, ha estallado como un cohete de SpaceX mal calibrado. Lo que empezó como un idilio de ego y poder, con Musk revoloteando por el Despacho Oval como si fuera una garaje de Tesla, se ha convertido en una guerra de insultos y puñaladas digitales que ni el mejor guion de Hollywood podría igualar.
Musk y Trump
Trump, ese showman naranja que parece sacado de una realidad distópica, y Musk, el profeta tecnológico que se cree mitad Tony Stark, mitad mesías marciano, se han dado de bruces por un proyecto de ley presupuestaria que Trump llama grande y hermoso y Musk tilda de“abominación repugnante. ¡Qué poético! El magnate de Tesla, que se pavoneaba como mano derecha del presidente, soltó en X que sin él, Trump habría perdido las elecciones. ¡Zas! Y Trump, que no soporta que le roben el foco, respondió en Truth Social amenazando con cortarle los contratos federales a Musk, como si estuviera cancelando una suscripción a Netflix. Elon se ha vuelto loco, dice el presidente. Y Musk, no contento con el berrinche, le tira a la cara una bomba: Estás en los archivos Epstein, Donald. Sin pruebas, claro, pero con la sutileza de un meteorito.

