La expansión de las stablecoins y la rápida transformación del mercado de los activos digitales han llevado a la Comisión Europea a abrir oficialmente una consulta pública para evaluar si el Reglamento sobre los Mercados de Criptoactivos (MiCA) sigue siendo adecuado para el nuevo escenario financiero y tecnológico que atraviesa la industria. La consulta permanecerá abierta desde el 20 de mayo hasta el 31 de agosto de 2026 y podría desembocar en una modificación legislativa de la primera gran normativa integral sobre criptomonedas aprobada en Europa.
La iniciativa, liderada por la Dirección General de Estabilidad Financiera, Servicios Financieros y Unión de Mercados de Capitales (DG FISMA), reconoce que el ecosistema cripto evoluciona más rápido que las leyes diseñadas para regularlo. La consulta, dirigida principalmente a empresas del sector, emisores de tokens, proveedores de servicios de criptoactivos, bancos centrales, supervisores financieros y ministerios de finanzas, pretende determinar si MiCA necesita actualizarse para adaptarse a los cambios del mercado, la expansión institucional de las criptomonedas y la irrupción de las stablecoins.
Reescribir partes de la arquitectura regulatoria cripto
Según explica la propia Comisión Europea en el texto oficial, las respuestas servirán para elaborar el informe previsto en los artículos 140 y 142 del reglamento MiCA, una evaluación formal sobre la aplicación de la normativa y sobre la evolución reciente de los mercados de criptoactivos. Bruselas deja además abierta una posibilidad especialmente relevante para la industria: el informe podría ir acompañado de «una nueva propuesta legislativa para modificar y complementar este reglamento».
Es decir, la Comisión Europea está estudiando si debe reescribir partes de la arquitectura regulatoria cripto de la Unión Europea. Cuando MiCA empezó a diseñarse, el ecosistema cripto europeo era radicalmente distinto al actual. Bitcoin todavía no había sido adoptado por grandes instituciones financieras, los ETF spot no existían en Estados Unidos, las stablecoins aún no competían directamente con infraestructuras bancarias tradicionales y la tokenización institucional apenas comenzaba a explorarse.
Stablecoins
Hoy, las stablecoins se están transformando en sistemas de pagos globales. Grandes bancos internacionales trabajan ya con infraestructuras blockchain. Gigantes tecnológicos y entidades financieras estudian modelos de tokenización de depósitos, deuda pública y activos financieros.
Además, Estados Unidos ha comenzado a entender las stablecoins no solo como un fenómeno financiero o tecnológico, sino como una herramienta estratégica para reforzar la expansión global del dólar en la economía digital. La aprobación en el Senado de iniciativas como la CLARITY Act y el avance de legislación específica sobre stablecoins reflejan un cambio profundo en Washington. En EEUU, las stablecoins se están utilizando como infraestructura para consolidar la hegemonía monetaria estadounidense en internet.
En la actualidad, la inmensa mayoría de las stablecoins utilizadas en el mundo están vinculadas al dólar. Cada vez que una empresa, un ciudadano o una plataforma utiliza USDT, USDC u otras stablecoins denominadas en dólares para pagos, remesas, ahorro o comercio internacional, el dólar estadounidense amplía su presencia fuera del sistema bancario tradicional. Las stablecoins se están convirtiendo así en una especie de dólar digital paralelo que circula globalmente sobre redes blockchain, muchas veces fuera de los canales financieros clásicos controlados por bancos o infraestructuras de pagos tradicionales.
Banco Central Europeo
Frente a esta estrategia, Europa vive una situación mucho más compleja y contradictoria. El Banco Central Europeo mantiene una posición especialmente cautelosa respecto a las stablecoins, también a las vinculadas al euro. Desde Fráncfort existe preocupación por el riesgo de dolarización digital de la economía europea si empresas y ciudadanos comienzan a utilizar de forma masiva stablecoins denominadas en dólares para pagos, ahorro o transferencias internacionales. El BCE teme que eso reduzca el peso internacional del euro y debilite parte del control monetario europeo en el nuevo sistema financiero basado en blockchain.
Sin embargo, mientras el BCE intenta contener esa expansión y se muestra critico con las stablecoins, parte del sector financiero europeo parece avanzar en la dirección contraria. La gran banca europea ha comenzado a moverse en dirección opuesta. El mejor ejemplo es Qivalis, el consorcio creado en Ámsterdam para lanzar una stablecoin regulada vinculada al euro y que ya cuenta con el respaldo de 37 bancos europeos de 15 países, entre ellos BBVA, CaixaBank, BNP Paribas, ING, UniCredit, Sabadell, Bankinter o Abanca.
El proyecto refleja hasta qué punto las entidades financieras europeas han entendido que las stablecoins ya no son un experimento vinculado únicamente al ecosistema cripto, sino una nueva infraestructura financiera global. La iniciativa busca crear una alternativa europea frente al dominio de las stablecoins denominadas en dólares, que actualmente representan cerca del 99% del mercado mundial.
Qivalis
En este contexto, Europa teme quedar atrapada entre dos fuerzas contradictorias. Por un lado, el BCE intenta proteger la soberanía monetaria europea y evitar una dolarización digital del continente. Por otro, los bancos europeos observan cómo Estados Unidos, Asia y Oriente Medio avanzan rápidamente en el desarrollo de infraestructuras financieras basadas en blockchain y monedas digitales privadas.
Qivalis no solo pretende lanzar una stablecoin regulada bajo MiCA. También busca garantizar que Europa conserve cierto control sobre las futuras infraestructuras monetarias digitales y no dependa completamente de stablecoins emitidas por compañías estadounidenses.
Esta tensión explica en gran medida la revisión de MiCA abierta ahora por la Comisión Europea. Cuando el reglamento fue diseñado, las stablecoins todavía no se habían convertido en una herramienta estratégica para la expansión global del dólar, ni existía una carrera internacional tan intensa por controlar los sistemas de pagos digitales basados en blockchain. Hoy el escenario es radicalmente distinto.
Adecuado para su propósito
Bruselas empieza a preguntarse si una regulación demasiado rígida podría terminar expulsando innovación, inversión y desarrollo tecnológico fuera de Europa justo en el momento en que blockchain, tokenización y stablecoins comienzan a integrarse en el núcleo del sistema financiero global.
La apertura de esta consulta es, en cierto modo, el reconocimiento de dicha tensión. La realidad es que la industria lleva meses advirtiendo de cargas regulatorias elevadas para startups, dificultades para emisores de stablecoins, complejidad en los procesos de licencia; divergencias interpretativas entre supervisores nacionales y riesgo de pérdida de competitividad frente a otras jurisdicciones. La Comisión quiere ahora comprobar hasta qué punto esas preocupaciones son reales.
El documento oficial plantea revisar si el reglamento continúa siendo «adecuado para su propósito» tras los primeros meses de implementación y ante los cambios producidos en los mercados y en las políticas públicas relacionadas con los activos digitales. La frase es importante porque introduce un concepto habitual en Bruselas: «fitness for purpose» (adecuado para su propósito). Cuando la Comisión cuestiona si una normativa sigue siendo adecuada para su propósito original, normalmente está abriendo la puerta a reformas de profundidad.
Stablecoins respaldadas por dólar
Además, el actual contexto geopolítico hace que esta revisión sea especialmente delicada. Europa observa cómo Estados Unidos está transformando las stablecoins respaldadas por dólar en una herramienta estratégica para extender la influencia de su moneda en la economía digital. Washington ve los activos digitales como una nueva infraestructura monetaria y tecnológica capaz de reforzar la hegemonía internacional del dólar en internet y en los futuros sistemas globales de pagos.


