El caso de los menores de Almendralejo (Extremadura, España) utilizando aplicaciones de inteligencia artificial (IA) para desnudar a niñas nos ha conmocionado. Ha hecho que aumentara el número de personas que se echen las manos a la cabeza al oír hablar de inteligencia artificial. De hecho, los desorbitados ojos se han puesto más en los peligros del instrumento, que en las pulsiones que llevan a una parte de la sociedad a comportarse de esa manera tan vil con respecto a otra parte de la sociedad, frente a la mayoría de la sociedad. El mal ha vuelto a ponerse en el instrumento. Más que en los que utilizan el instrumento. Al fin y al cabo, en esta sociedad que lo protege todo, menores.
IA
Las aplicaciones de IA se alimentan de internet. En este caso, parece que se ha utilizado una aplicación pirata, aunque esto es relativamente secundario. Internet lo alimentamos prácticamente todos. Con cada movimiento en la red social, se alimenta internet, que, a su vez alimenta el aprendizaje de las distintas concreciones de IA. Si internet está lleno de pornografía, habrá aplicaciones de IA que se alimenten de pornografía y… actúen. En este actuar está el paso relevante. Pone el descontrol a disposición de descontrolados. Por su gran capacidad técnica, facilita el dar salida a nuestras más bajas pulsiones, pudiendo llegar a agredir gravemente a otros.



